Vídeo editado por Juanma Acosta y realizado por Litore Lux (https://www.facebook.com/Litore-Lux-R…). Este taller forma parte del Aula Virtual del Salón del Cómic de Huelva https://saloncomichuelva.com/aula


Los peligros geológicos como las inundaciones, las erupciones volcánicas, los terremotos o los corrimientos de terreno se producen de manera periódica y afectan a la sociedad de una forma u otra en función de su vulnerabilidad.


La actividad humana puede incrementar o reducir la vulnerabilidad de la sociedad y del medio, ya que las acciones antrópicas pueden actuar como catalizadores de los procesos geológicos nocivos y provocar que se den situaciones desfavorables. En este caso nos referimos a los riesgos inducidos: la desertización, los incendios forestales, la contaminación hídrica, edáfica y aérea, la degradación del paisaje, la sequía, los desastres tecnológicos y ambientales relacionados, el agotamiento de los recursos geológicos y los riesgos relacionados con la actividad minera son algunos de los riesgos inducidos que pueden aparecer como consecuencia de una mala planificación o de un mal uso del territorio.


Por riesgo se entiende la probabilidad de que se desencadene un determinado fenómeno que, como consecuencia de su propia naturaleza y la vulnerabilidad de los elementos expuestos puede producir efectos perjudiciales en las personas o pérdidas de bienes.


Los riesgos suelen dividirse en naturales y tecnológicos. Al primer grupo corresponden los procesos o fenómenos naturales potencialmente peligrosos. Al segundo grupo los originadas por accidentes tecnológicos o industriales, fallos en infraestructuras o determinada actividades humanas.


En todo caso, además del fenómeno peligroso, es preciso considerar la vulnerabilidad, como determinante del tipo y cantidad de los daños acaecidos. La vulnerabilidad vendrá determinada por factores físicos y sociales, incluidos los económicos, que condicionan su susceptibilidad a experimentar daños como consecuencia del fenómeno peligroso.
Actualmente viene utilizándose el concepto de resiliencia, para designar la capacidad de una sociedad, resistiendo o cambiando, con el fin de mantener un nivel aceptable en su funcionamiento, tras la ocurrencia de un fenómeno o suceso peligroso.


En este contexto protección civil es aquel servicio público orientado al estudio y prevención de las situaciones de grave riesgo colectivo, catástrofe o calamidad pública y a la protección y socorro de personas y bienes y en casos en que dichas situaciones se produzcan.


La dinámica del planeta implica riesgos. Por término medio, tres millones de personas en todo el mundo resultan afectadas cada año por desastres naturales; de ellas 150 000 son víctimas mortales. La mayoría de estos desastres están relacionados con acontecimientos geológicos.


Se entiende por riesgo geológico la probabilidad de que se produzca un daño o catástrofe para la población de una zona o para sus bienes motivado por un suceso geológico.


Algunos riesgos están relacionados con procesos geológicos internos, como los riesgos de carácter volcánico, sísmico o de tsunamis. Mientras que otros derivan de procesos geológicos externos, como inundaciones, movimientos de ladera, aludes y otros.


El valor que alcanza un riesgo geológico depende de tres factores:
Peligrosidad, o magnitud que puede alcanzar un suceso potencialmente catastrófico y frecuencia con la que ocurre.


Exposición, o volumen de población y bienes que puedan verse afectados.
Vulnerabilidad, o susceptibilidad que presenta una comunidad a ser dañada.


Así, dos terremotos de idéntica magnitud pueden producirse en lugares con diferente exposición, uno de ellos en una zona densamente poblada y el otro en un lugar despoblado. Los daños generados serán, obviamente, muy diferentes. Pero también lo serán si teniendo la misma peligrosidad y exposición, ocurre uno de ellos en una zona con edificios mal construidos y el otro en un lugar bien edificado.


Reducir los efectos catastróficos de un suceso geológico exige conocer el proceso que lo genera y las características de la zona objeto de estudio. A partir de ahí se realiza una predicción sobre la probabilidad de que ocurra y su peligrosidad, así como una prevención, adoptando medidas tendentes a evitar o reducir sus efectos catastróficos.


Actualmente, uno de los factores que genera nuevos riesgos inducidos es la urbanización masiva, descontrolada y mal planificada. La concentración demográfica en grandes ciudades y la pobreza de buena parte de la población favorecen la creación de barrios marginales ubicados en zonas de elevado riesgo, donde las construcciones suelen ser precarias y vulnerables ante las amenazas naturales. Al mismo tiempo, esta urbanización también puede modificar el tipo y la escala de las amenazas y generar nuevos riesgos. Un ejemplo de este proceso es la edificación en las cuencas fluviales que altera sus regímenes hidráulicos, la desestabilización de las pendientes con los consiguientes deslizamientos de terreno, la contaminación del agua, el agotamiento de los recursos hídricos y la pérdida del conocimiento histórico del riesgo concreto que amenaza a una zona determinada. Por otro lado, las poblaciones rurales no están en mejores condiciones, y también están amenazadas a causa principalmente del deterioro del medio ambiente y del cambio climático.


En general, el aumento del riesgo inducido está directamente relacionado con la falta de planificación frente al crecimiento y el desarrollo social, que llevan nuevas sinergias no identificadas previamente. Este aspecto resulta especialmente patente en los países en vías de desarrollo, donde la vulnerabilidad es mayor y las amenazas, también.